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Por Diego Bastarrica 20 septiembre 2017

Lo del argentino si que es una carrera contra el tiempo, con la gota gorda de la presión cayendo como un meteorito y con los días contados para levantar o sepultar las opciones de “La Roja” rumbo a Rusia 2018.

With so many light years to go, And things to be found (to be found)
I’m sure that we’ll all miss her so
It’s the final countdown
The final countdown
The final countdown
The final countdown”, Europe- The final countdown


No hay calendario maya, ni de milenarios alienígenas más precisos que el chileno después del 18 de septiembre. Tras las empanadas, anticuchos, terremotos, piscolas, los forzados pies de cueca y las cumbias, los días avanzarán con la velocidad de un cohete hasta final de año.

Y en esa vertiginosa pasada de fechas, con el astro rey iluminando cada vez más nuestras cabezas, una de las seseras que no se puede achicharrar es la de nuestro seleccionador nacional Juan Antonio Pizzi.

Porque lo del argentino si que es una carrera contra el tiempo, con la gota gorda de la presión cayendo como un meteorito y con los días contados para levantar o sepultar las opciones de “La Roja” rumbo a Rusia 2018.

Pocos días de preparación y estudio, escaso margen de error y un viaje a la velocidad de la luz para recuperar a las principales figuras de Chile de cara a los trascendentales duelos ante Ecuador y Brasil.

Y en este “conteo final”, los jugadores de la selección deben intentar sumar minutos para llegar en el mejor ritmo posible: al menos ilusionan los 180 minutos de Charles Aránguiz, su titularidad en el Bayer Leverkusen y su pololeo con el gol. Lo mismo Arturo Vidal, que este martes contra el Schalke y haciendo honor al 19 de septiembre criollo, se vistió nuevamente de soldado y puso una sutil bala dentro del arco rival. Ojalá pueda mejorar los 93 minutos que sólo tiene en cancha.

Alexis Sánchez también debería sumar más de los 143 minutos que lleva desde su regreso al Arsenal. Al menos volvió al gol. Confianza en pocos días debe agregar a eso.

El que claramente llegará con poco trajín será Claudio Bravo. Suplente en el Manchester City relegado por Ederson, sus 53 minutos es una cuenta de ahorro bajísima para la última fecha doble de la clasificatoria.

En estos pocos días que quedan habrá que volver a los orígenes, al estudio detallado, a la sistematización de movimientos, al equipo más que al talento individual. La confianza sólo se recuperará con mucho trabajo, intensivo, como si todo se acabara de un paragüazo.

En el ámbito local, y sin competencias internacionales de por medio, los clubes chilenos vivirán su propio descenso desde el espacio. Tendrán que regresar al planeta Tierra a ordenar sus ideas y sus propósitos. ¿Cuál de todos los clubes logrará aterrizar en el podio de campeón?, ¿Qué equipos se hundirán más allá del suelo? ¿Qué pasará en este conteo final para Mario Salas y Pablo Guede, sobre todo después de que se vean las caras el 1 de octubre en San Carlos?.

Fanfarrias señoras y señores, se acaba el año y con él se extinguirán o volverán a tomar fuerza en el camino, todos esos deseos que ya son cosa de días.

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