Hace 1 mes

| | | | |

La columna de Bastarrica: El autogol machista

Por Diego Bastarrica 16 agosto 2017

Era hora de pedir perdón y enmendar el rumbo tras tantas galerías de “piluchas” que eran hasta ese momento el único emblema femenino de nuestro sitio.

“La guapa del día es presentada por Ferplei…”


El fútbol suele ser quizás el último reducto cavernario de prehistóricos tiempos para el hombre, si entendemos la palabra “hombre” como: “macho cabrío con despliegue de testosterona, pelos en exceso, grasitud seborreica de lomo vetado y sobrecostilla a la parrilla, derroche sudoroso de cerveza y piscola, camiseta deportiva con guata y garabatos a granel”…sin olvidar por supuesto que el estadio y la TV con los canales deportivos son los templos sagrados donde las mujeres están vetadas por hacer comentarios del estilo: “que mino el número 7 o ¿Chile es el que juega de rojo?”.

Hace varios años atrás cuando partimos este pasquín digital con otros aventureros, una de las secciones fijas más queridas y promovidas por nosotros era eso que llamábamos “La Guapa del día”. Artículo diario que luego tuvo su derivación en la “Hincha del día” y que por años explotamos hasta el hartazgo como recurso fácil para tener clicks.

Un día por ahí por 2013 o 2014, decidimos a fuerza de cachetazos y de no pocas objeciones, acabar de una buena vez con la lujuriosa sección. Así las desnudas compañeras de travesía y tráfico seguro, se irían exiliadas al caché de los buscadores y al cuarto oscuro de los recuerdos impúdicos.

Esos mismos años se sumaron a nuestro equipo de forma más permanente como colaboradoras dos periodistas: Mane Tagle y Grace Lazcano. Ambas escribían columnas de opinión bien trabajadas, estudiadas y muy profesionales sobre diversos tópicos de la actualidad del fútbol. Ese huracán de aire fresco definitivamente nos hizo caer de bruces: porque ahí en el suelo de la humillación entendimos que nuestras colegas mujeres eran incluso muchas veces mejores que nosotros y que era hora de pedir perdón y enmendar el rumbo tras tantas galerías de “piluchas” que eran hasta ese momento el único emblema femenino de nuestro sitio.

Soy fiel representante de la transformación. Nací en un país en dictadura, me eduqué en un colegio de curas católicos donde el monstruo burlesco de la homofobia no tenía piedad con las diferencias y donde el fútbol en los recreos era ley para destacar en “masculinidad” y aceptación. Fui a los estadios desde finales de los ochenta, siempre con mi papá (de hecho no recuerdo nunca haber ido con mi mamá), ahí vi a los primeros arqueros “putas de cabaret” y entendí que la palabra “maricón” era insulto de duro y vergonzoso calibre. Fui lector, auditor y televidente de fútbol desde pequeño y las mujeres sólo eran “gomeros decorativos”, protagonistas excepcionales, apariciones fantasmales y sexualizadas al mil por ciento.

Crecí con la pelota de fútbol como muro divisorio: de un lado hombres y el único pasatiempo que les otorgaba esa ansiada “libertad” y por otro lado mujeres que no entendían nada y para las que la palabra gol era sólo sinónimo de guturalidad y ritual prehistórico.

Pero uno finalmente configura la integralidad de su ser, gracias a las mujeres y sus tremendos ejemplos de vida, lucha y persistencia. BENDITO país de madres trabajadoras que sacan todo adelante solas. Faro luminoso que finalmente siempre corrige el camino cuando el océano machista empieza a soltar su descontrolado oleaje.

Recuerdo en la universidad una compañera fanática de Colo Colo. Tan marcada estaba su vida por el club albo que nació el mismo día en que se fundó el equipo. Otra compañera quería trabajar en periodismo deportivo y sabía muchísimo y otra era tan buena para la pelota que todos los troncos que nos jurábamos Paolo Maldini no eramos más que palitroques rústicos tratando de exudar un mal entendido orgullo.

De ahí en más ya recorriendo el apostolado del periodismo deportivo conocí y comencé a admirar el trabajo de muchas compañeras, vi el auge del fútbol femenino en Chile y el mundo, y también contemplé con gratificante satisfacción de nuevos aires sociales como ellas han conquistado los estadios y han dado cátedra de pasión y conocimiento.

Por eso y a propósito de episodios lamentables en el fútbol como lo que sucedió en un panel de televisión del CDF, y a propósito de varias tabués aún incorregibles, como seguir teniendo solo a la “periodista para leer las redes sociales” o a los comentarios machistas de los entrenadores y futbolistas contra las reporteras mujeres, o la escasa valoración del fútbol femenino y sus figuras, o a la poca tolerancia para aceptar homosexuales en un camarín, o a la cosificación de las mujeres árbitros que sólo destacan cuando es rubia y tiene buenos muslos, o a los paneos televisivos a las hinchas solo por ser mujeres y llevar una camiseta ajustada, es que pido perdón por ese autogol que por tantos años instauramos en Ferplei llamado “La Guapa del día”.

Ahí en esos pixeles de abundante piel, sostenes y traje baños hilo sobrevive como una cicatriz, el horrendo pasado misógino de este sitio. Pero ahí también en ese recuerdo de algo muerto está la capa de la redención y el arrepentimiento. El machismo mata y el fútbol también es una víctima, una lección que jamás se nos debe olvidar.

Noticias Relacionadas

Comentarios