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La columna cruzada: Brusco despertar

Por Juan José Rodríguez Arestizabal 18 mayo 2017

Vienen tiempos de cambio y lo de anoche reflejó como nunca la falta de plantel. Eso debe cambiar metiendo la mano al bolsillo sin hacer locuras.

Duele quedar fuera de todo. Duele más aún cuando sabes que se estuvo a 15 minutos de algo que parecía una hazaña. Duele, porque no habrá siquiera premio de consuelo, en un grupo terrorífico que Católica enfrentó con hidalguía pero sin la jerarquía necesaria en estas instancias. Duele menos, cuando ves caer sin miedo y de pie al equipo que nos regaló el mejor año de la historia del club.

Partido muy del estilo de la Copa Libertadores, desde el clásico clima frío que azota al continente en esta estación hasta el movimiento demencial que tuvo el marcador desde los setenta y cinco minutos en adelante –y algo más-, lamentablemente sin fortuna para la UC.

Una oreja puesta en Argentina derribaba todo tipo de esperanzas de alcanzar un cupo entre los 16 mejores de América, poniendo fin a la tercera experiencia internacional de Mario Salas con la UC, concierto en el cual sin duda alguna hay una deuda pendiente del Comandante con nuestra camiseta. Esto pone presión en el segundo semestre por cubrir necesidades que en otros clubes pueden ser aún mayores, y terminar con las manos vacías sería por decir lo menos, complejo. El hincha se acostumbra a la victoria, y si bien el bicampeonato se valora infinitamente, ese crédito –como tal, crudo- se acabó. Cuestionar el trabajo o pedir la salida del técnico es otra cosa, y personalmente no lo comparto.

Tan oscilante como el movimiento del marcador fue el rendimiento individual de los jugadores cruzados. Por una parte, brillante lo de Silva y Kuscevic, por lejos los mejores de la cancha. El uruguayo metió, corrió, defendió y se despachó el golazo que nos hacía soñar mientras Benja pudo anticipar todo lo que se vino encima en el primer tiempo.

La velocidad de los puntas brasileños fue letal y tanto él como Toselli –un tanto inseguro pero con intervenciones notables- no tuvieron mucho que hacer cuando Paranaense puso la lápida. Para destacar también lo de Espinosa, Parot y Fuenzalida a ratos –él tiene una irregularidad propia dentro de los 90 minutos-  más el correcto partido de Buonanotte. Para el olvido lo de Magnasco, pasajes horrorosos de Manzano o incluso Noir, quien más allá de su golazo ya no aporta ni arriba ni abajo aun cuando el recorrido que hace del campo de juego sea completo. Sin duda es un jugador que fue de más a menos en la UC, y que espero no volver a ver en San Carlos de Apoquindo. Gracias por todo Tito.

Vienen tiempos de cambio y lo de anoche reflejó como nunca la falta de plantel. Eso debe cambiar metiendo la mano al bolsillo sin hacer locuras, pero poniendo unas cuantas fichas en darle esas soluciones al técnico que parece no tener muy claras desde el momento en que decide dejar al equipo sin volantes de corte reales estando a un gol de la clasificación y con casi diez minutos por jugar. Calma es lo que faltó. Calma y paciencia es lo que no queremos volver a vivir como una procesión de años para volver a tocar el cielo.

Soy un convencido de que este equipo, este grupo de jugadores, merece más. La oportunidad está ahí. No importa cuándo ni cómo se caiga, sino la forma en que nos levantamos por muy brusco que haya sido el despertar de este sueño maravilloso. Alta la frente al cielo y con fe. Siempre.

¡Vamos Católica!    

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