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Hace 3 meses

Por Diego Bastarrica 17 mayo 2017

Hay en Ángel Guillermo un paradigma que parecía desterrado en el fútbol chileno, ese que postulaba que la cercanía o el compadrazgo eran cosa del pasado.

“Es una persona muy carismática. Yo soy arisco a que me anden abrazando a cada rato, pero palabra que nos tiene locos a abrazos. Te saluda como cuatro veces al día, a mí me pregunta cómo está mi guagua y me sensibiliza”, 16/05/17 Johnny Herrera sobre Ángel Guillermo Hoyos.


Queda una fecha para que el Clausura cierre sus puertas y Universidad de Chile tendrá la primera opción ante San Luis en el Estadio Nacional para bajar la estrella 18 a su firmamento azul. Ronda en el ambiente que el canario llegará empapado y que buscará la marca inédita de bajar a los estudiantiles. En la otra vereda todo es espiritualidad, ya que Ángel Guillermo Hoyos se encomienda a Dios en el equipo laico.

Y entre tanto nerviosismo y ansiedad por poner punto final a un torneo irregular desde su génesis y con la secreta conciencia de que todo puede pasar, los universitarios tienen clara sólo una cosa: que vaya acierto mayúsculo fue traer al ex seleccionador boliviano a la banca.

Hoy los elogios llueven desde capitán a paje y el lugar común que se instaló en La Cisterna es que Hoyos devolvió la mística, ordenó al equipo tácticamente, puso el trabajo como piedra fundacional de su era y sobre todo apapachó y levantó espiritualmente a un plantel golpeado por las críticas y por la falta de resultados.

Dicen los entendidos que el festival de abrazos que el DT argentino reparte a cada jugador tiene al equipo motivado. Qué la preocupación por el bienestar personal de sus pupilos, que lo que trasciende más allá de los entrenamientos o de los partidos y que el muchas veces vilipendiado rostro humano de sus gladiadores es lo que le ha valido el respeto y como consecuencia ha generado los resultados para que los azules estén a las puertas del cielo.

¿Esto quiere decir que Sebastián Becaccece y Víctor Hugo Castañeda fracasaron por su falta de empatía y por ser poco cariñosos? Quizás sí…lo más probable es que no.

Hay ciertos procesos casi químicos que determinan una fórmula correcta más allá del trabajo y del conocimiento. ¿Alguien podría reprochar al ex ayudante de Sampaoli por ser poco aplicado en los entrenamientos y en la planificación? ¿Será sólo chiripazo extremo lo que tiene al melenudo hoy triunfando en Defensa y Justicia?  ¿Era peor la Universidad de Chile de los semestres anteriores?…creo que no.

¿Son entonces sólo los abrazos los que arreglaron el caracho al elenco estudiantil? Quizás sí…pero posiblemente no del todo.

Hay en Hoyos un paradigma que parecía desterrado en el fútbol chileno, ese que postulaba que la cercanía o el compadrazgo eran cosa del pasado y que el tiempo en que los futbolistas chilenos regresaban del extranjero porque echaban de menos a la mamá y a las cazuelas se había esfumado.

Volvió el frío a Santiago y como tantas cosas cíclicas, volvieron esas ganas de la sopa reponedora y de dormir aferrados como lapa a la querida pierna. El fútbol que también tiene esas estaciones muy marcadas, hoy nos traslada nuevamente a la fórmula dónde los abrazos, y las palabras cálidas pueden más que una pizarra y una cinta de video. El trabajo también se compone  de esas cursilerías…sino pregúntenle a los ariscos como Johnny Herrera.

Ángel Guillermo Hoyos hizo de las comparaciones con el Barcelona y de sus analogías con el Liverpool el gancho verbal que su carisma necesitaba para recomponer las confianzas. Hizo de los temblores su refugio y su sabiduría: “Tranquilos, no estamos sólos”, dijo ese día a los periodistas. Hoy con Dios como copiloto y un alacrán en la palanca de cambio, avanza a toda máquina por una carretera que por fin se hace expedita para un elenco otrora embotellado.

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