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Hace 4 meses

Por Juan José Rodríguez Arestizabal 13 abril 2017

Estos partidos se juegan contra rivales de alto nivel (los argentinos campeones tres años atrás) y desde la tribuna o el sofá todos somos Allegri o Conte.

El arquero Torrico haciendo tiempo a cinco minutos del final es la imagen que queda del duelo entre Católica y San Lorenzo, tras un segundo lapso en que la franja dominó totalmente a los argentinos, algo totalmente distinto a lo vivido en la primera mitad. Lo cierto es que el fútbol es de momentos, y ayer cada equipo tuvo el suyo. Por lo mismo creo que el empate fue lo más justo. Los cruzados contra el equipo santo, el del Papa y en semana santa: pareciera que Dios no quería conflictos con nadie por estos días. Demasiado santo todo.

Pudo ser mejor, es cierto. La jugada de Buonanotte culminada por Silva y su cabezazo que sacan en la línea, o el cabezazo de Parot segundos después hubiesen inclinado la balanza en pos de una clasificación que se va a pelear hasta el final. Salas sorprendió con el cambio de Fuenzalida tratando de controlar más aún un mediocampo que ya estaba totalmente intervenido por piernas cruzadas, como queriendo cerrar el resultado en una estrategia que tras los seis partidos veremos si tuvo el efecto deseado. Yo al menos “le compro” a Salas sus decisiones, mal que mal nos regaló tres títulos en un año y nos tiene ahí, clasificando temporalmente en el grupo de la muerte.

¿Pudo ser peor? Sin duda. Lo que saca Kuscevic en la línea era la lápida, más aun viendo como Aguirre tenía totalmente tomado el pulso de Mario Salas y la experiencia de varios de sus hombres nos podía complicar al punto de hundirnos antes de la media hora. Ahí estuvo la defensa, respondiendo de manera impecable o reponiéndose de los propios fallos que abrieron flancos al ataque Cuervo graficado explícitamente en el medio gol que salvó Benja Kuscevic. Lo importante será sobreponerse a ciertos bajos rendimientos del día de ayer (Buonanotte fue un fantasma más allá del gol, Fuenzalida bajísimo y Toselli sigue transmitiendo inseguridad aunque respondió al final) de cara a lo que será “la revancha” en Buenos Aires. Ese partido es clave, tal como el de ayer, y definitivamente no podemos perder.

Me quedo con la idea de que la UC funciona mejor como equipo cada vez más. Antes, los partidos se resolvían por el altísimo nivel individual de Castillo, Buonanotte o el Chapa. Mi visión es que hoy parece ser el equipo el que busca una respuesta colectiva de cara a conseguir los resultados, lo cual puede resultar o no pero que se plasma en una idea de juego, controlando el mediocampo y siendo agresivo (punto débil hasta ahora) en los momentos precisos. Se puede mejorar sin duda y el DT asumo lo tiene claro: El ingreso de Lobos tal como mencioné, superpobló el medio y no logró conectar a ninguno de los tres con el Enano lo cual aisló más a Silva, y el ingreso de Gutiérrez debió ser antes no sólo por el agotamiento del uruguayo sino por su gran capacidad de jugar de espaldas al arco, pero estos partidos se juegan contra rivales de alto nivel (Campeón tres años atrás) y desde la tribuna o el sofá todos somos Allegri o Conte.

Viene lo más duro. Dejar la vida en estos 270 minutos de la Copa que definirán el 2017 de Católica, y quien sabe si alguna ayudita nos cae del cielo en el plano local. Que el domingo entonces comience la resurrección.

¡Vamos Católica!

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